OPINIÓN | Cuidar a quienes cuidan: una cuestión de futuro (y de sentido común) El Editorial de Paul Carcavilla El Editorial de Paul Carcavilla Paúl Carcavilla Opinión | 10/02/2026 9:47 Anuncio La entrevista realizada a Lares Navarra en Televisión Digital de Navarra no deja indiferente. No porque descubra una realidad desconocida, sino porque pone palabras claras a algo que muchos intuían y pocos decían en voz alta: el problema de las residencias de mayores en Navarra no es la atención, es el sistema que la sostiene. O, mejor dicho, que ya no consigue sostenerla. En un debate público acostumbrado a titulares rápidos y soluciones simplistas, resulta refrescante escuchar un discurso que huye del dramatismo fácil y se centra en lo esencial. Y lo esencial, una vez más, son las personas. Porque las residencias no funcionan gracias a los ladrillos ni a los convenios, sino gracias a quienes, día tras día, hacen posible el cuidado: el personal. Como decía Peter Drucker, “la mejor forma de predecir el futuro es crearlo”. Y en el caso de las residencias, el futuro se está creando ahora mismo… o dejando escapar. Si no se corrigen los desequilibrios del sistema de concertación, si los costes reales siguen sin reconocerse y si el trabajo de quienes cuidan continúa infravalorado, el resultado será tan previsible como indeseable. Las residencias navarras no están en crisis por falta de vocación ni de profesionalidad. Al contrario. Hay centros con alta demanda, bien valorados por las familias y comprometidos con una atención digna. Y, sin embargo, no llegan a fin de mes. Algo no cuadra. Cuando un modelo solo se sostiene a base de esfuerzo extra, de contención salarial y de buena voluntad, deja de ser sostenible y pasa a ser heroico. Y los héroes, conviene recordarlo, se cansan. En el centro del problema está el personal. Profesionales que trabajan con personas dependientes, con todo lo que eso implica física y emocionalmente. Personas que escuchan, acompañan, levantan, cuidan, consuelan y, muchas veces, hacen de familia. Y que lo hacen sabiendo que su trabajo no siempre está reconocido ni remunerado como merece. Anuncio Hablar de salarios dignos y de retención de profesionales no es una reivindicación sindical al uso. Es una condición imprescindible para que el sistema funcione. Porque sin personal suficiente y motivado no hay ratios que valgan, no hay tecnología que sustituya el contacto humano y no hay modelo asistencial que aguante. Podemos modernizar edificios, digitalizar procesos y llenar informes de buenas intenciones, pero si falta quien cuide, todo lo demás es decorado. Además, el sector residencial tiene un impacto social mucho más amplio de lo que a veces se reconoce. Es un ámbito con un fuerte peso del empleo femenino, especialmente en el mundo rural. El cierre de una residencia en un pueblo pequeño no solo afecta a las personas mayores y a sus familias; supone pérdida de empleo, debilitamiento del tejido social y un empujón más hacia la despoblación. Dicho de otra manera: cuando una residencia baja la persiana, no solo se apagan las luces del centro, también se oscurece un poco el futuro del municipio. La entrevista también abre debates necesarios y, a menudo, incómodos: el envejecimiento de la población, el final de la vida, los centros de día, la tecnología aplicada a los cuidados. Temas que preferimos esquivar hasta que nos tocan de cerca. Pero como recordaba Woody Allen, “no es que tenga miedo de morir, es que no quiero estar allí cuando ocurra”. El problema es que, nos guste o no, todos estaremos allí de una forma u otra. Y más nos vale que el sistema esté preparado. Por eso, el futuro de las residencias en Navarra no es solo una cuestión económica. Es una decisión política, social y ética. Habla de prioridades, de modelo de sociedad y de cómo queremos envejecer. Y también de cómo tratamos hoy a quienes cuidan, sabiendo que mañana estaremos al otro lado. Cuidar a quienes cuidan no debería ser un eslogan ni una frase bonita para cerrar discursos. Debería ser una política pública sólida y coherente. Porque, al final, las residencias no son solo servicios. Son personas cuidando personas. Y en ese gesto cotidiano, silencioso y poco visible, se juega mucho más que un presupuesto: se juega nuestra dignidad colectiva. Anuncio TagsOpiniónEditorialPaul CarcavillaNavarraResidencias Anuncio Comentarios ¿Quieres comentar esta noticia? Déjanos tu opinión rellenando este formulario
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