OPINIÓN | PORQUE CHIVITE SEGUIRÁ MANDANDO!! Crónica del Debate del Estado de la Región de Esteban Hernando Crónica del Debate del Estado de la Region de Esteban Hernando Esteban H. Opinión | 25/09/2026 8:51 Anuncio Muchas veces pensamos que lo que tenemos es una mierda. Una auténtica mierda. Nos quejamos, protestamos, buscamos culpables y pensamos que cualquier cosa que venga después tiene necesariamente que ser mejor. Hasta que hacemos algo tan sencillo como mirar enfrente. Y entonces, de repente, entiendes por qué a veces incluso esa mierda termina convirtiéndose en la única posición viable. Más o menos eso es lo que me ha pasado hoy en Navarra. He venido al Debate sobre el Estado de la Comunidad Foral intentando responder a una pregunta que llevaba tiempo haciéndome: ¿Por qué coño sigue mandando María Chivite? Porque desde fuera puedes hacerte una composición de lugar. Puedes leer periódicos, encuestas, escuchar a unos y a otros y construirte tu película. Pero hoy tenía delante a casi todos. He hablado con unos. Con otros. He escuchado. He preguntado. He observado. Y entonces me he sentado en el Parlamento. Chivite ha empezado a hablar. Y ha hablado. Y ha hablado. Y ha hablado. Cien minutos. No es una exageración mía: fueron cien minutos de intervención. Vivienda, sanidad, inflación, fiscalidad, industria, infraestructuras, convivencia, autogobierno y un nuevo plan de inversiones de casi 600 millones para 2027. Yo creo que aproximadamente en el minuto 83 hasta la lámpara que tenía encima empezó a plantearse seriamente pedir la palabra. Pero, independientemente de que compres o no su discurso, había una cosa evidente: Chivite estaba contando un proyecto. Su proyecto. Puedes pensar que es maravilloso. Puedes pensar que es una mierda. Puedes pensar que algunas cosas funcionan y otras son un desastre. Pero sabes qué está intentando venderte. Y entonces llegó Javier Esparza. Y aquí empezó mi iluminación política navarra. Bla, bla, bla, bla, bla, bla… Chivite. Corrupción. Cerdán. Servicios públicos. Chivite. Otra vez Chivite. Y, por si alguien se había despistado: Chivite. Que nadie se confunda con nuestra portada. Es sátira. Esparza ha hablado hoy de asuntos muy serios. Ha dicho que Navarra necesita «una nueva etapa», ha cuestionado la gestión de los servicios públicos y ha cargado duramente contra el Gobierno de Chivite. El problema no es que Esparza no diga nada. El problema es que, después de escucharle, yo tenía la sensación de haberlo escuchado ya demasiadas veces. Mucho volumen. Mucho gesto. Mucho reproche. Pero mientras le escuchaba solo conseguía pensar una cosa: Javier, ¿y después qué? ¿Qué Navarra quieres construir tú? No qué quieres destruir. No quién es el culpable. No quién tiene que marcharse. No quién te parece horroroso. ¿Qué quieres hacer? Porque llega un momento en política en el que explicar durante años que el que gobierna es muy malo deja de ser un proyecto. Se convierte simplemente en una opinión. Y entonces miré a UPN. Y pensé: Coño. Aquí pasa algo. Porque la presidenta de UPN se llama Cristina Ibarrola. De hecho, hoy estaba allí siguiendo el debate desde la tribuna de invitados, mientras Esparza ejercía como portavoz parlamentario. Y entonces aparece una pregunta que, por incómoda que resulte, alguien debería hacerse: ¿Quién manda realmente en UPN? No jurídicamente. No estatutariamente. Políticamente. Porque puedes cambiar la dirección, puedes anunciar renovación, puedes poner una cara nueva… Pero si cuando llega uno de los grandes momentos políticos de Navarra el espacio vuelve a ocuparlo el mismo discurso de siempre, tienes un problema. Y aquí aparece la frase que probablemente mejor resume todo lo que he visto hoy: Si el espacio lo ocupa siempre el pasado, el futuro no entra. Y entonces entendí lo de la pila. Porque UPN es un juguete extraordinariamente bien construido. Tiene historia. Tiene marca. Tiene implantación. Tiene alcaldes. Tiene estructura. Tiene quince parlamentarios. Durante décadas ha sido una pieza central de la política navarra. Pero hasta el mejor juguete del mundo tiene un pequeño problema: si le pones una pila sin electricidad, no funciona. Puedes limpiar el juguete. Puedes cambiarle la caja. Puedes ponerle una pegatina nueva. Puedes escribir «NUEVO» bien grande. Pero como la pila esté gastada… aquello no anda. Y esa es la sensación que me ha dejado hoy UPN. Mucha carcasa. Mucha historia. Mucho recuerdo de lo que fue. Pero poca corriente nueva para moverlo. Y después está el Partido Popular. Y aquí la mañana se puso todavía más interesante. Porque hoy he presenciado una actitud hacia el PP que, desde mi silla y desde mi percepción personal, me ha parecido innecesariamente altiva. Y no lo entendí. El PP tiene poca representación en Navarra. Sí. ¿Y? Son tres parlamentarios. Son pocos, pero existen. Y UPN y PP forman parte del bloque que hoy critica al Gobierno de Chivite; ambos han hablado precisamente del final de una etapa política. Así que hay algo que no termino de comprender. Si quieres construir una alternativa, ¿qué sentido tiene mirar por encima del hombro precisamente a quien probablemente necesitas para construirla? Porque quizá el problema no esté en el PP. Quizá la pregunta incómoda debería hacérsela UPN a sí misma: ¿En qué momento empezó a dar por hecho que todo ese espacio político le pertenecía para siempre? Porque mientras unos se miden entre ellos para decidir quién manda en la oposición… ¿sabéis quién sigue mandando de verdad? Exacto. María Chivite. Y entonces miras al otro lado del Gobierno y aparece un personaje que termina de complicar la explicación. Mikel Irujo. Geroa Bai. Consejero de Industria. Y mi impresión después de conocer lo que hace es que este hombre tiene una enfermedad gravísima: trabaja. Trabaja. Se mueve. Busca inversiones. Habla con empresas. Intenta traer proyectos. Vuelve a trabajar. Y al día siguiente, por si acaso se le había olvidado… trabaja otra vez. Te puede gustar Geroa Bai o no. Puedes compartir sus planteamientos o estar en las antípodas. Puedes discutir si sus políticas funcionan. Pero cuando preguntas qué está intentando hacer Irujo, encuentras actividad. Y esa diferencia se nota. Porque mientras unos explican permanentemente por qué los otros deberían dejar de gobernar, los que están dentro tienen la enorme ventaja de poder enseñar lo que están intentando hacer. Y ahí terminé de entenderlo. Yo había venido a Navarra buscando el secreto de Chivite. Pensaba que quizá encontraría una presidenta extraordinaria. Una estratega política sobrenatural. Alguna fórmula secreta guardada en un cajón del Palacio de Navarra. Y no. Una parte de la respuesta estaba justo enfrente. Chivite no necesita que todos los navarros piensen que lo hace todo bien. Ni siquiera necesita convencerles de que Navarra es Disneylandia. Necesita algo muchísimo más sencillo: que cuando miren enfrente no encuentren una alternativa que les convenza más. Y esa es la parte que UPN debería tomarse muy en serio. Porque para echar a un Gobierno no basta con demostrar que se equivoca. No basta con hablar de sus escándalos. No basta con decir cien veces que está agotado. No basta con gritar más. Y desde luego no basta con esperar que los votantes que un día fueron tuyos vuelvan a casa porque tú consideres que aquella casa sigue siendo suya. Tienes que construir algo. Tienes que generar ilusión. Tienes que explicar el día después. Y, sobre todo, tienes que ponerle electricidad al juguete. Por eso ahora entiendo mejor por qué Chivite sigue mandando. Y también entiendo el provocador titular de este artículo: PORQUE CHIVITE SEGUIRÁ MANDANDO!! No es una profecía electoral. Las próximas elecciones las decidirán los navarros. Es algo mucho más incómodo. Es la conclusión que me llevo hoy después de mirar a quien gobierna y, sobre todo, a quienes quieren gobernar en su lugar. Muchas veces pensamos que lo que tenemos es una mierda. Pero entonces miramos enfrente. Volvemos a mirar lo que tenemos. Nos rascamos la cabeza. Y pensamos: «Hostia… ahora lo entiendo.» Porque puedes tener el mejor juguete. El más conocido. El que lleva toda la vida en casa. Puedes ponerlo precioso. Puedes cambiarle la caja. Puedes incluso cambiar a quien aparece en la fotografía. Pero hay una cosa que no puedes engañar: si la pila no tiene electricidad, el juguete no funciona. Y hoy he escuchado muchísimo. Muchísimo. Muchísimo. Pero cuando he salido del Parlamento, la sensación que me llevaba podía resumirse en la frase de nuestra portada: Total… no han dicho nada. Anuncio Anuncio TagsdebateNavarraParlamentoChivíteEsparzaUPN Anuncio Comentarios ¿Quieres comentar esta noticia? Déjanos tu opinión rellenando este formulario
Muchas veces pensamos que lo que tenemos es una mierda. Una auténtica mierda. Nos quejamos, protestamos, buscamos culpables y pensamos que cualquier cosa que venga después tiene necesariamente que ser mejor. Hasta que hacemos algo tan sencillo como mirar enfrente. Y entonces, de repente, entiendes por qué a veces incluso esa mierda termina convirtiéndose en la única posición viable. Más o menos eso es lo que me ha pasado hoy en Navarra. He venido al Debate sobre el Estado de la Comunidad Foral intentando responder a una pregunta que llevaba tiempo haciéndome: ¿Por qué coño sigue mandando María Chivite? Porque desde fuera puedes hacerte una composición de lugar. Puedes leer periódicos, encuestas, escuchar a unos y a otros y construirte tu película. Pero hoy tenía delante a casi todos. He hablado con unos. Con otros. He escuchado. He preguntado. He observado. Y entonces me he sentado en el Parlamento. Chivite ha empezado a hablar. Y ha hablado. Y ha hablado. Y ha hablado. Cien minutos. No es una exageración mía: fueron cien minutos de intervención. Vivienda, sanidad, inflación, fiscalidad, industria, infraestructuras, convivencia, autogobierno y un nuevo plan de inversiones de casi 600 millones para 2027. Yo creo que aproximadamente en el minuto 83 hasta la lámpara que tenía encima empezó a plantearse seriamente pedir la palabra. Pero, independientemente de que compres o no su discurso, había una cosa evidente: Chivite estaba contando un proyecto. Su proyecto. Puedes pensar que es maravilloso. Puedes pensar que es una mierda. Puedes pensar que algunas cosas funcionan y otras son un desastre. Pero sabes qué está intentando venderte. Y entonces llegó Javier Esparza. Y aquí empezó mi iluminación política navarra. Bla, bla, bla, bla, bla, bla… Chivite. Corrupción. Cerdán. Servicios públicos. Chivite. Otra vez Chivite. Y, por si alguien se había despistado: Chivite. Que nadie se confunda con nuestra portada. Es sátira. Esparza ha hablado hoy de asuntos muy serios. Ha dicho que Navarra necesita «una nueva etapa», ha cuestionado la gestión de los servicios públicos y ha cargado duramente contra el Gobierno de Chivite. El problema no es que Esparza no diga nada. El problema es que, después de escucharle, yo tenía la sensación de haberlo escuchado ya demasiadas veces. Mucho volumen. Mucho gesto. Mucho reproche. Pero mientras le escuchaba solo conseguía pensar una cosa: Javier, ¿y después qué? ¿Qué Navarra quieres construir tú? No qué quieres destruir. No quién es el culpable. No quién tiene que marcharse. No quién te parece horroroso. ¿Qué quieres hacer? Porque llega un momento en política en el que explicar durante años que el que gobierna es muy malo deja de ser un proyecto. Se convierte simplemente en una opinión. Y entonces miré a UPN. Y pensé: Coño. Aquí pasa algo. Porque la presidenta de UPN se llama Cristina Ibarrola. De hecho, hoy estaba allí siguiendo el debate desde la tribuna de invitados, mientras Esparza ejercía como portavoz parlamentario. Y entonces aparece una pregunta que, por incómoda que resulte, alguien debería hacerse: ¿Quién manda realmente en UPN? No jurídicamente. No estatutariamente. Políticamente. Porque puedes cambiar la dirección, puedes anunciar renovación, puedes poner una cara nueva… Pero si cuando llega uno de los grandes momentos políticos de Navarra el espacio vuelve a ocuparlo el mismo discurso de siempre, tienes un problema. Y aquí aparece la frase que probablemente mejor resume todo lo que he visto hoy: Si el espacio lo ocupa siempre el pasado, el futuro no entra. Y entonces entendí lo de la pila. Porque UPN es un juguete extraordinariamente bien construido. Tiene historia. Tiene marca. Tiene implantación. Tiene alcaldes. Tiene estructura. Tiene quince parlamentarios. Durante décadas ha sido una pieza central de la política navarra. Pero hasta el mejor juguete del mundo tiene un pequeño problema: si le pones una pila sin electricidad, no funciona. Puedes limpiar el juguete. Puedes cambiarle la caja. Puedes ponerle una pegatina nueva. Puedes escribir «NUEVO» bien grande. Pero como la pila esté gastada… aquello no anda. Y esa es la sensación que me ha dejado hoy UPN. Mucha carcasa. Mucha historia. Mucho recuerdo de lo que fue. Pero poca corriente nueva para moverlo. Y después está el Partido Popular. Y aquí la mañana se puso todavía más interesante. Porque hoy he presenciado una actitud hacia el PP que, desde mi silla y desde mi percepción personal, me ha parecido innecesariamente altiva. Y no lo entendí. El PP tiene poca representación en Navarra. Sí. ¿Y? Son tres parlamentarios. Son pocos, pero existen. Y UPN y PP forman parte del bloque que hoy critica al Gobierno de Chivite; ambos han hablado precisamente del final de una etapa política. Así que hay algo que no termino de comprender. Si quieres construir una alternativa, ¿qué sentido tiene mirar por encima del hombro precisamente a quien probablemente necesitas para construirla? Porque quizá el problema no esté en el PP. Quizá la pregunta incómoda debería hacérsela UPN a sí misma: ¿En qué momento empezó a dar por hecho que todo ese espacio político le pertenecía para siempre? Porque mientras unos se miden entre ellos para decidir quién manda en la oposición… ¿sabéis quién sigue mandando de verdad? Exacto. María Chivite. Y entonces miras al otro lado del Gobierno y aparece un personaje que termina de complicar la explicación. Mikel Irujo. Geroa Bai. Consejero de Industria. Y mi impresión después de conocer lo que hace es que este hombre tiene una enfermedad gravísima: trabaja. Trabaja. Se mueve. Busca inversiones. Habla con empresas. Intenta traer proyectos. Vuelve a trabajar. Y al día siguiente, por si acaso se le había olvidado… trabaja otra vez. Te puede gustar Geroa Bai o no. Puedes compartir sus planteamientos o estar en las antípodas. Puedes discutir si sus políticas funcionan. Pero cuando preguntas qué está intentando hacer Irujo, encuentras actividad. Y esa diferencia se nota. Porque mientras unos explican permanentemente por qué los otros deberían dejar de gobernar, los que están dentro tienen la enorme ventaja de poder enseñar lo que están intentando hacer. Y ahí terminé de entenderlo. Yo había venido a Navarra buscando el secreto de Chivite. Pensaba que quizá encontraría una presidenta extraordinaria. Una estratega política sobrenatural. Alguna fórmula secreta guardada en un cajón del Palacio de Navarra. Y no. Una parte de la respuesta estaba justo enfrente. Chivite no necesita que todos los navarros piensen que lo hace todo bien. Ni siquiera necesita convencerles de que Navarra es Disneylandia. Necesita algo muchísimo más sencillo: que cuando miren enfrente no encuentren una alternativa que les convenza más. Y esa es la parte que UPN debería tomarse muy en serio. Porque para echar a un Gobierno no basta con demostrar que se equivoca. No basta con hablar de sus escándalos. No basta con decir cien veces que está agotado. No basta con gritar más. Y desde luego no basta con esperar que los votantes que un día fueron tuyos vuelvan a casa porque tú consideres que aquella casa sigue siendo suya. Tienes que construir algo. Tienes que generar ilusión. Tienes que explicar el día después. Y, sobre todo, tienes que ponerle electricidad al juguete. Por eso ahora entiendo mejor por qué Chivite sigue mandando. Y también entiendo el provocador titular de este artículo: PORQUE CHIVITE SEGUIRÁ MANDANDO!! No es una profecía electoral. Las próximas elecciones las decidirán los navarros. Es algo mucho más incómodo. Es la conclusión que me llevo hoy después de mirar a quien gobierna y, sobre todo, a quienes quieren gobernar en su lugar. Muchas veces pensamos que lo que tenemos es una mierda. Pero entonces miramos enfrente. Volvemos a mirar lo que tenemos. Nos rascamos la cabeza. Y pensamos: «Hostia… ahora lo entiendo.» Porque puedes tener el mejor juguete. El más conocido. El que lleva toda la vida en casa. Puedes ponerlo precioso. Puedes cambiarle la caja. Puedes incluso cambiar a quien aparece en la fotografía. Pero hay una cosa que no puedes engañar: si la pila no tiene electricidad, el juguete no funciona. Y hoy he escuchado muchísimo. Muchísimo. Muchísimo. Pero cuando he salido del Parlamento, la sensación que me llevaba podía resumirse en la frase de nuestra portada: Total… no han dicho nada.
NAVARRA Francisco Sierra pide no hablar de “debacle” educativa en Navarra 07/10/2026 18:00 Carolina Álvarez
NAVARRA Iso marca el objetivo del PSN ante el 29-N: "Volver a ganar" 05/10/2026 13:21 Carolina Álvarez
NAVARRA Chivite formaliza su candidatura para volver a presidir Navarra 05/10/2026 11:24 Carolina Álvarez